La aventura de una reforma integral

Un relato en primera persona

En general todo mundo piensa que una reforma integral es un proyecto que emprenden los jóvenes cuando inician su vida, un matrimonio nuevo, una persona que se mudó de hogar porque tiene hijos pequeños. En nuestro caso fue algo completamente diferente.

Mi esposo y yo hemos vivido en la misma casa desde que nos casamos… hace casi treinta y cinco años. Cuando lo conocí, él ya estaba comenzando a construir, había comprado un hermoso terreno que en esos años estaba en las afueras de uno de los municipios del área urbana de Barcelona. Con el trabajo de ambos y con mucho esfuerzo, construimos una casa que en ese momento correspondía a nuestras necesidades y deseos. Pocos años después llegaron los hijos y las dimensiones de la casa seguían siendo adecuadas. Siempre intentamos hacer de nuestra casa una casa funcional y adecuada, pero la verdad es que ahora, después de todos estos años, sin hijos en la casa y sólo con visitas de su parte y de los nietos, nos dijimos que estábamos cansados de ver siempre, todos los días, los mismos acabados, los mismos colores, todo exactamente igual.

Además, está el hecho de que lo que era tecnología punta en los años en que construimos nuestro hogar, está por mucho superado en este momento. Y la verdad, es que nos dijimos a nosotros mismos que nos merecíamos un cambio, y no algo pequeño, sino auténticamente cambiar el diseño, la funcionalidad y los acabados de nuestro hogar, hacerlo más adecuado para nuestras necesidades de hoy en día, hacerlo eficiente en términos de energía para economizar en gas y electricidad, y sobre todo, darle un nuevo rostro a nuestra casa, pues es ahora que, como personas que ya no trabajan diariamente, podremos disfrutarlo.

El principio: siempre es necesaria una evaluación previa y un plan

Lo primero que hicimos fue, evidentemente, sentarnos y hablarlo entre los dos. ¿Realmente estábamos en las condiciones de emprender una aventura semejante? Y es que teníamos que evaluar nuestros recursos económicos (lo que hemos ahorrado desde que los hijos se independizaron económicamente, pero también nuestros ingresos mensuales como jubilados), y nuestra energía. Fue un paso difícil, puesto que emprender este proyecto es algo que no muchos jubilados o personas mayores emprenden. Parece un “desperdicio” de dinero y energía el invertir en una reforma integral que hipotéticamente no tendremos muchos años para disfrutar. Así que lo que hicimos fue deshacernos de ese prejuicio. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar de su piso o de su casa, y sobre todo, nos dimos cuenta que ambos contamos con muy buena salud afortunadamente y tenemos las ganas de emprender proyectos nuevos y emocionantes, así que qué mejor que revisar concienzudamente nuestra casa y decidir qué elementos harían parte de esta reforma integral. Qué es lo que nos resultaba más importante cambiar, de qué queríamos deshacernos y qué queríamos priorizar. Si lo que pensábamos era acudir a una empresa especializada (para no tener que lidiar nosotros mismos con los contratistas y trabajadores), no podíamos llegar con una idea tan simple y vaga como “venimos buscando una reforma integral”. Así que nos pusimos a hacer, en primer lugar, una serie de listados: qué es lo que queremos cambiar, qué nos interesa mejorar, qué es lo que queremos mantener sin cambios. En base a esos listados, empezamos a hacer dibujos y trazos de cómo imaginábamos nuestra casa después de la reforma, añadiendo detalles y aclaraciones por aquí y por allá. Debo reconocer que esos dibujos los rehicimos una veintena de veces. Pero nos dijimos a nosotros mismos que era mejor corregir y descartar en ese momento, que cuando ya tuviésemos a los trabajadores en casa. Fue así que llegamos a una planeación más o menos clara de lo que estábamos esperando y un listado con los elementos que más nos interesaba cambiar. El siguiente paso fue buscar una empresa especializada en el ramo.

Buscar especialistas…en ese sentido, Barcelona es el paraíso

No puedes confiar tu reforma integral a cualquiera, eso es una verdad absoluta. Nosotros sabíamos que queríamos contar con especialistas que contaran con los conocimientos en arquitectura, diseño, interiorismo y capacidades técnicas para poder relajarnos y saber que los trabajos iban a progresar de forma expedita y sin demasiadas complicaciones.

Así que nos pusimos a buscar una empresa que cumpliera con esas características. Al no haber hecho prácticamente ninguna reforma seria en nuestra casa por más de treinta años, desconocíamos absolutamente cómo funcionaba el mercado en esta área tan específica y fue una grata sorpresa descubrir la amplia gama de opciones y alternativas existentes en Barcelona y sus alrededores. El gran prestigio de Barcelona como ciudad del diseño no es en vano. Hay muchos arquitectos, interioristas y diseñadores de interiores que trabajan para empresas de reformas y que te ofrecen enriquecedoras ideas respecto a lo que puedes esperar de una reforma integral.

Al escoger una empresa para que se encargara de nuestro proyecto, valoramos distintas cosas. El trato personal fue muy importante. Al arrancar este proyecto estábamos perfectamente conscientes de que sería algo que nos implicaría no sólo un gasto considerable, sino también un buen periodo de tiempo, así que nos interesaba mucho encontrar una empresa que ofreciese calidez y amabilidad. También valoramos los costos presentados. Al ser una reforma integral sabíamos que deberíamos hacer una inversión fuerte, pero tampoco estábamos pensando en despilfarrar dinero. Nada extremadamente lujoso, pero sí agradable, nuevo y funcional. Finalmente, hicimos muchas preguntas para evaluar los conocimientos de los especialistas de cada empresa y también para calificar la relación que tenían con sus contratistas y trabajadores.

Nosotros nos decantamos por la empresa Tu7, puesto que el portafolio que nos presentaron respecto a nuestra reforma y tomando en cuenta los factores que ya mencioné, fue el que más nos convenció. De ahí lo que faltaba era poner manos a la obra.

storytelling

Preparándonos para empezar los trabajos

La reforma integral que emprendimos sólo abarcaría la planta baja de nuestra casa, además del pasillo y el baño del primer piso. Aun así, antes de emprender los trabajos nos resultaba evidente que debíamos buscar un sitio en el que vivir y guardar nuestros objetos y muebles mientras se llevaban a cabo las reformas. Optamos por rentar un pequeño apartamento con dos habitaciones, así mantuvimos cierto orden en nuestra vida y contábamos con una habitación completa para guardar muebles de salón, libros y cosas. Tengo que reconocer que emprender esta reforma fue una oportunidad fantástica para poner orden en nuestras cosas: deshacernos de cosas viejas que ya no tenían ninguna utilidad, desplazar algunas cosas que aún servían pero no en forma cotidiana al garaje y cambiar algunos muebles para que los nuevos estuviesen más de acuerdo con la “nueva” casa.

Así mismo, cuando analizamos ya en detalle y dispuestos a poner manos a la obra nuestro proyecto con los especialistas, pulimos algunos detalles y descubrimos algunas cosas que enriquecían nuestras ideas. El plan fue cambiar de un gran salón y un amplio comedor a un salón-comedor y una cocina abierta, para así dejar espacio para tener una habitación en planta baja. Así mismo, decidimos revitalizar nuestros pasillos cambiando el papel tapiz tradicional que tenían por pintura blanca con cierta textura, con lo que esperábamos lucieran más amplios, además de cambiar la iluminación. En cuanto a la cocina, además de hacerla abierta y poner una barra, decidimos cambiar nuestro viejo color madera para los muebles por un color más claro, y elegimos un bonito color beige con un área de trabajo en acero inoxidable que nos pareció mucho más práctica y fácil de mantener que nuestra vieja cerámica tradicional. La disposición sería circular, pero con una pequeña isla en el medio (ya que nuestra cocina es bastante amplia) gracias a lo cual a pesar de perder una pared, tendríamos suficiente espacio de almacenamiento. Pasando a los baños, decidimos deshacernos de la bañera (poco práctica e inclusive insegura a nuestra edad) por una ducha estilo italiano, además de cambiar el color azul de toda la vida por mosaicos negros y blancos alternados, además de mobiliario en negro y blanco. El brillo, al menos en los planos, era espectacular. Para el baño de la planta alta decidimos intentar un color verde, también brillante, pues yo siempre había querido tener alguna planta en el baño para darle más vida.

En cuanto a grandes cambios de electrodomésticos, escogimos un horno eléctrico empotrado, una placa de cocción en vitrocerámica y una nevera mucho más eficiente en términos de energía. Todas las nuevas lámparas y fuentes de luz serían usando focos LED. Todo ello nos hace más respetuosos del ambiente además de que en el futuro nos ayudaría a ahorrar en el pago de nuestras facturas.

En colaboración estrecha con nuestros especialistas, pulimos el presupuesto y los tiempos para los trabajos y fue el momento de empezar a poner manos a la obra.

Los trabajos

Tengo que reconocer que al momento de empezar los trabajos, una vez realizada nuestra pequeña mudanza, yo estaba asustada de que no todo saliera como lo habíamos planeado. Que los tiempos fuesen más largos, que los trabajadores no cumplieran con los plazos establecidos, que al final hubiese algo que saliera completamente mal. Incluso en la empresa de reformas nos recomendaron que esperáramos que alguna cosa saliera fuera de lugar. Pero algo que descubrí es que esta forma de hacer una reforma, confiando el control de los trabajos a personas que se dedican a ello y que cuentan con experiencia, es muy diferente a administrarlo todo por uno mismo. Si, hubo algunos pequeños retrasos (sobre todo con la entrega de los materiales), pero nada grave y los encargados repusieron el tiempo, modificaron el calendario, y supervisaron que todo siguiera su curso de forma tranquila y sin demoras significativas. Nuestra participación fue de meros espectadores, auditores en cierta medida que íbamos a presenciar las obras para ver que todo se desarrollara como lo habíamos planeado, pero siempre contando con la ayuda de los expertos. Fue un gusto ver cómo la casa se iba transformando. Cómo cambiaron la disposición de los espacios, las áreas dedicadas a trabajar (como por ejemplo, la cocina) y las áreas de descanso. Contando con las nuevas dimensiones de cada espacio, nos dedicamos a buscar los muebles adecuados para aprovechar en mejor manera de esta disposición tan diferente. Como habíamos ajustado muy bien las elecciones de materiales y acabados a nuestro presupuesto inicial, no hubo grandes sorpresas de gastos adicionales, lo cual resultó bastante alentador. Pudimos, gracias a ello, darnos el gusto de comprar un nuevo televisor.

La recepción de la casa reformada

Con tan sólo dos semanas de retraso respecto al calendario que habíamos establecido inicialmente, recibimos nuestro renovado hogar. Supervisamos cada detalle, desde la instalación eléctrica a la fontanería, pasando por los acabados y los suelos. No queríamos quedarnos con ninguna queja en el tintero. A pesar de que no cambiamos de dirección, la primera vez que caminamos por los nuevos pasillos (más amplios y luminosos) o que recorrimos la cocina y los baños, se sentía como estar en una casa completamente nueva. Saldamos nuestras cuentas y quedamos muy conformes con el trabajo de la empresa elegida. Así que lo que nos quedaba mudarnos de vuelta. Al principio se sentía como estar en la casa de un extraño, pero una vez que todo tomó su lugar fue una sensación muy agradable. El emprender una reforma integral para nosotros fue una inyección de juventud y nuevos aires para nuestra vida tranquila y rutinaria. Nos empujó a tomar decisiones, involucrarnos en opciones diversas y lanzarnos a la búsqueda de empresas e ideas. También nos permitió disfrutar de espacios más de acuerdo a nuestras necesidades, rearmar el espacio con el que contamos y hacerlo más amable y adecuado para personas de nuestra edad. El pensar en el presupuesto nos permitió no tener sorpresas desagradables y disfrutar de la aventura de una reforma integral, y finalmente, de un hogar nuevo para pasar nuestros días.

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